LA ÉTICA Y EL ANIMAL NO HUMANO


El ser humano es un animal, podemos ubicarlo dentro de la clasificación de los tipos de animales y reconocer en él gran cantidad de características compartidas con otros animales que ocupan lugares cercanos en dicha clasificación, sin embargo, también existen características que nos diferencias de los animales, siendo la principal de ellas la racionalidad, es decir, nosotros los seres humanos nos caracterizamos por estar dotados de razón.
Ahora bien, cuando hablamos de la relación entre el hombre y el animal, puede expresar diferentes tipos de relaciones. De un lado, puede significar simplemente que en la tierra viven hombres y animales. De otro lado, también puede ser pensado en un sentido más restringido, es decir, que los animales y nosotros convivimos, claro esta que tal convivencia cercana se da únicamente con los animales “domesticables”, correspondiendo que los animales no domesticables sigan viviendo en su habitad natural.
Desde ésta perspectiva vemos que en la realidad existen casos en que el hombre ser supuestamente “racional” maltrata e incluso tortura a los animales sometiéndolos a tratos crueles y repudiables, llegando incluso al extremo de matarlos para obtener un beneficio económico por la venta de la carne o las pieles de diversos animales, que incluso en su mayoría están en peligro de extinción.
En el presente ensayo, se pretende hacer un análisis de cómo estos ataques crueles hacia los animales va contrario a un comportamiento ético que debe observar todo ser humano, pues de forma cotidiana somos testigos e incluso protagonistas de ataques a animales, vulnerando así, su derecho a la vida, a la libertad y a no ser maltratados ni física ni psicológicamente.
DESARROLLO
Para entrar a abordar éste tema tan importante, debemos partir precisando brevemente conceptos generales tales como que es la ética y a quienes se consideran como animales no humanos, para luego entrar a analizar cual es la relación existente entre ambas.
Entonces comenzaremos analizando que es lo que se entiende por ética, así tenemos que, lo ético comprende la disposición del hombre en la vida, su carácter, costumbre y moral. Podríamos traducirla como "el modo o forma de vida" en el sentido profundo de su significado. En el ámbito conceptual de la ética, tenemos un círculo correlacionado entre ethos - hábitos - actos. En efecto si ethos es el carácter adquirido por hábito, y hábito, nace por repetición de los actos iguales, ethos es a través del hábito "fuente de los actos" ya que será el carácter, obtenido por la repetición de actos iguales convertidos de hábito, aquel que acuñamos en el alma. La ética florece a partir de nuestros valores que nos dictan si algo esta bien o mal (correcto o incorrecto) en un acto humano. Mayor relevancia adquiere cuando el acto afecta a un tercero[1].
A lo largo de las últimas tres décadas, la cuestión de la consideración moral de los animales no humanos ha recibido una atención cada vez mayor, tanto dentro del mundo académico, en particular entre filósofos y filósofas morales, como por parte del público en general. Toda una serie de teóricos han cuestionado el modo en el que los animales no humanos han sido tradicionalmente considerados y tratados, tildándolo de especista. Han afirmado que nuestra relación con los animales no humanos suscita una serie de cuestiones morales de importancia, cuyas consecuencias prácticas son significativas. Estas incluyen, por ejemplo, la cuestión de si el uso de los animales no humanos como recursos se encuentra justificado. Si estos autores están en lo cierto, ello implica que nos encontramos ante un problema de gran importancia, pero que es habitualmente desatendido.
Como lo señalamos al comienzo del presente ensayo, los miembros de la especie humana son probablemente los únicos animales que pueden reflexionar y actuar moralmente, pues la especie no humana no se encuentre en la situación de poder participar de la moralidad. Además, debido a la diferencia de estos ámbitos de acción, se plantea desde un principio la pregunta, si es posible una determinación uniforme del trato moralmente correcto con los animales. Pero aun cuando diferentes ámbitos exigen diferentes determinaciones, necesitamos ante todo una concepción moral general como fundamento para las ulteriores reflexiones.
Debería existir en nuestra legislación nacional una idea esencial con relación al concepto de protección de animales, a la cual nos podamos adherir, como en el caso de la ley alemana de protección de animales de 1986, pues se trata de proteger la vida y bienestar de los animales, partiendo de la responsabilidad del hombre con respecto a ellos en tanto son sus cocreaturas, conforme lo establece la mencionada ley alemana.
La actual concepción de moral radica en el respeto universal, el mismo que no puede ser limitado por razones irrelevantes como color de piel, sexo o especie, sino que más bien debe ir tan lejos como sea posible, y puede llegar tan lejos, como objetos o seres puedan ser afectados por las acciones humanas, y además padecer por ellas.
La ley alemana de protección a los animales sugiere que tenemos responsabilidad frente a todos los animales en tanto co - vivientes, que debemos proteger la vida y el bienestar de todos los animales.
Se debe tener muy en cuenta que los animales no sólo pueden sentir dolor, sino también miedo, estrés, etc. Además no son simplemente pasivos, sino que viven su vida, se mueven, actúan y tienen un comportamiento social. En consecuencia, pueden también sufrir cuando se les encierra, cuando se les priva del contacto con sus compañeros de especie, en general, cuando se les impide aquello que se denomina una vida adecuada para su especie.
Bajo un punto de vista moral la domesticación de animales ha sido un camino equivocado, pues de seguro, no es la vida más natural para las demás especies el vivir en la sociedad humana. En el presente uno podría decir, por un lado, que las especies domesticadas se han acomodado tan bien a la vida de los hombres, que esta vida es adecuada a su especie. Esto es cierto, en la medida en que la mayoría de estos animales no serían capaces de sobrevivir en la naturaleza, y más bien dependen de que nos preocupemos por su alimentación y protección. De otro lado, bien se podría rechazar la utilización general de animales con el argumento, de que ello infringe contra la vida natural de los animales, y se podría exigir así su derogación, entrando a tallar entonces que es moralmente correcto.
El hecho de que los hombres hayan domesticado animales, puede ser visto como que los han sacado de su contexto natural y privado de la posibilidad de cuidar de sí mismos y de vivir su vida común y corrientemente los detalles de la posesión y utilización de animales. En general, podría decirse que, bajo puntos de vista morales, la utilización de animales se puede aprobar en los casos en que, primero, no se les haga sufrir, segundo, tengan suficiente espacio y posibilidad de acción, tercero, no se les prive del contacto social y finalmente, se cuide bien de ellos.
Entonces resultaría moralmente adecuado ver a los animales como seres dependientes, frente a los cuales no sólo tenemos deberes negativos del no sometimiento al dolor, sino también deberes del cuidado, ya que de hecho tenemos una responsabilidad frente a los seres vivos que han sido privados por la acción humana de la posibilidad de cuidar de sí mismos. Tratándose de los animales que conviven con nosotros como compañeros, en especial los perros y los gatos, éstos dependen igualmente de nosotros para sus condiciones de vida y necesitan por lo tanto de cuidado y atenciones para su subsistencia.
La problemática moral con relación a los animales es, por lo tanto, comparable en cierto modo con la problemática con relación a los amigos y compañeros humanos adultos, con la diferencia de que estos últimos pueden cuidar de sí mismos. Lo que aquí constituye la moral, son las denominadas obligaciones especiales, que surgen en las relaciones personales íntimas como consecuencia de una interacción estrecha; pues en tales interacciones se producen expectativas justificadas.
Debido a que los animales adolecen de una comprensión de la situación de conflicto y de nuestros propósitos, sufren no sólo porque tiene que limitar un interés o proseguir de otra manera a la querida, sino que además sufren generalmente de miedo, pánico o estrés como consecuencia de las medidas, mediante las cuales hacemos prevalecer el resultado de la ponderación.
De la expansión de la humanidad son siempre victimas, al fin y al cabo, los animales particulares, que tienen dificultades para la obtención de alimentos o para encontrar espacios apropiados de vida, y que de acuerdo con la situación, sufren de hambre, de miedo a la permanente expulsión, de estrés debido al ruido de la calle, etc.
Estamos aquí frente a un límite de la moral que muestra, cómo es de poco realista la idea de una responsabilidad frente a todos los animales en tanto co - vivientes. Por el contrario, uno podría mantener justamente en este contexto un punto de vista, según el cual se vea a los animales como seres co-vivientes, y ello en el sentido, de que entendamos que los animales al igual que los hombres están expuestos a experiencias inevitables de sufrimiento, y de que lamentemos que en los animales estas experiencias son en parte causadas por los hombres.
La Ética y la Moral:
La Ética es el conjunto de principios, valores, costumbres y normas de conducta, adquiridos, asimilados y practicados de un modo estrictamente racional o consciente, es decir, corresponde al ejercicio libre y consciente de la razón para justificar nuestros actos desde el punto de vista del bien y del mal. La moral, en cambio, es el conjunto de principios, costumbres, valores y normas de conducta, adquiridos y asimilados del medio (hogar, escuela, iglesia, comunidad), su asimilación y práctica no depende de una actitud plenamente consciente o racional, sino principalmente, de un sentimiento de respeto a la autoridad moral de la que provienen. Visto de esta manera, podemos decir que la moral es particular y subjetiva, mientras que la ética es universal y objetiva, porque se basa en principios racionales, que trascienden los hábitos y las costumbres particulares. Por ello, si bien pueden existir diversas morales o costumbres morales, sólo hay una ética, de la misma manera que una sola es la humanidad y una sola la razón humana.
La Ética y la Vida:
El criterio fundamental para una ética que abarque todos los aspectos de la vida es el que se refiere a la dignidad de la persona humana. Todo aquello que favorezca el desarrollo de la dignidad de la persona, será bueno; y al contrario, todo aquello que atente contra esta dignidad será malo. Y esto es así en el acontecer de cada día, y en cualquier lugar donde se encuentre una persona. Quien carezca de una exquisita formación valórica desde la infancia, es muy fácil que, sin casi darse cuenta, ofenda frecuentemente su propia dignidad y la de los demás, especialmente de las personas más cercanas.
La construcción de una ética para la vida de cada día pasa por la actitud de solidaridad y autoestima. La solidaridad verdadera consiste en poner amor en la vida de todos los días. Sólo puede ser verdaderamente solidaria una persona que ha llegado a adquirir un adecuado nivel de autoestima y asertividad. Nadie puede amar a otro si no experimenta el amor a sí mismo (que nada tiene que ver con egoísmo), y nadie puede estimar a otro si no experimenta primero la necesaria dosis de autoestima; igual que nadie puede respetar la dignidad de los demás si no sabe defender la propia dignidad.
"En la Ética trato de interpretar la existencia humana a la luz de la obligación moral que gravita sobre ella y de la dignidad que esa obligación le otorga"
Ética del Medio Ambiente:
El problema del medio ambiente significa un desafío de supervivencia para la humanidad; el hombre se está enfrentando al holocausto medioambiental y obligado a un 'mea culpa' frente a la devastación de la tierra, el agotamiento de los recursos naturales y el deterioro de la biosfera. Conciencia ecológica plantea, pues, una nueva reformación de la justificación del hombre sobre la tierra y su relación íntima con ella.
Se debe crear en este campo una eco-sofía, una filosofía del medio ambiente, lo que nosotros llamamos ética del medio ambiente, muy cercana conceptualmente a nuestro programa nacional de bioética, no puede existir una dimensión material en la solución de los problemas del medio ambiente sin una dimensión moral que le sirva de sustento que, no solamente están en peligro las especies animales y vegetales y los paisajes naturales, sino también las especies morales, tales como los valores de solidaridad, de internacionalismo - el "patriotismo planetario" al que nos referíamos mas arriba -, los culturales y existenciales tales como la tendencia a la renovación del gusto por la vida, la iniciativa y la creatividad.
Finalmente, la bioética es considerada como un “tratado de los principios fundamentales de comportamiento humano que, para su ejercicio, requiere de voluntad libre y cabal conciencia, para la preservación de la vida digna en todos los aspectos, el respeto a la naturaleza y a los derechos humanos”.

CONCLUSIONES
-      La ética es la ciencia de la moral, mientras que la moral es el objeto de estudio de la ética.
-        Se ha mostrado que las relaciones entre animales y hombres poseen una estructura muy variada y que por lo tanto, en el trato con los animales desempeñan una función diferentes concepciones morales fundamentales y principios de acción.
-     La conceptualización muy difundida actualmente, que ve al animal como un semejante (añadiendo eventualmente a ello, que somos responsables de él), resulta ser más bien vaga.
-        La idea de la palabra alemana "Mitlebewesen", es decir, de los “seres vivos con los que vivimos”, se muestra como un núcleo útil de comportamiento hacia los animales particulares con los cuales estamos confrontados, allí donde es precisada de modo tal, que en principio son objeto de respeto todos los seres, que en un sentido amplio pueden sufrir y por los cuales podemos sentir compasión.
-     Se ha planteado que con el modelo de desarrollo científico-tecnológico, que se propició desde mediados del siglo XX, se rompió la relación que se tenía con el medio ambiente, en los niveles tradicionales; esta situación se manifestó con las catástrofes ambientales, rechazadas por la sociedad, desde la década de los años 60. Frente a esto, se ha encontrado que una posibilidad de continuar con el avance del conocimiento, disminuyendo los efectos negativos sobre el medio ambiente, reside en la participación de las personas en procesos sociales que permitan cuestionar el tipo de ciencia y tecnología que se realiza, y que los gobiernos creen políticas públicas de ciencia y tecnología más acordes con las necesidades de una sociedad, una de cuyas necesidades es la protección del medio ambiente.
BIBLIOGRAFÍA
GUARDINI, “Stationen und Rückblicke”, Werkbund, Würzburg 1995.
JONAS, H. “El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica”.
Herder. Barcelona, 1979.
VELASCO SUAREZ, M., "bioética y medicina", citado por, Treviño García Manzoetal, 2000.
WOLF URSULA,  “La Ética y los Animales”, publicado con el título “Leben mit Tieren. Die
Hauptformen und ihre ethischen Implikationen“ en ZDF-Nachtstudio, ed., Mensch und Tier,
Geschichte einer heiklen Beziehung, Frankfurt a. M. 2001. 

CYNTHIA BAZAN CACHATA 


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